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jueves, 15 de octubre de 2009

En el camino de las competencias

Los logros obtenidos y los retos a superar


Un arranque prejuiciado


Heme aquí, a un paso de realizar la evaluación del nivel 2 de este Módulo Propedéutico, después de habernos detenido a reflexionar acerca de los prejuicios y la manera en que éstos pueden repercutir en nuestro proceso educativo.

El que me refiera a esto tiene toda la intención del mundo de manifestar mi prejuicio inicial cuando por vez primera, hace ya casi diez semanas, nos hablaron del desarrollo de cuatro competencias básicas para poder acceder al Módulo de Investigación y a los Módulos Formativos de esta Maestría. “Esto del pensamiento crítico y del estudio independiente no está nada mal” pensé, pero he de confesar que en aquella ocasión no veía del todo productivo avocarnos a temas de uso de tecnologías (obvio que deberíamos tener la base para cursar este tipo de estudios de manera semi-presencial, si no, no nos hubiésemos inscrito) y a la comunicación escrita (¡por favor!, un buen número de estudiantes son profesores y otros tantos ejercemos en el campo de la comunicación). He ahí un gran prejuicio y una enorme carencia de humildad intelectual: nunca se termina de aprender y nadie lo sabe todo.

Los primeros retos

Y entonces sucedió… Al realizar mi evaluación diagnóstica me topé frente a mis grandes retos, justamente en comunicación escrita y en el uso de las tecnologías: Tenía que aprender, ¡sí! a-p-r-e-n-d-e-r a citar y referenciar conforme a una normatividad que se usa en todo el mundo, no sólo en el ámbito académico, además de aprender a utilizar valiosas herramientas que ahí han estado pero que, por falta de curiosidad, ni siquiera conocía.

Otro reto más salía desde los rincones más profundos de donde lo había confinado: la organización de actividades. Para salir avante de una experiencia académica como esta, la organización es pieza clave, no sólo para el óptimo desarrollo de mis actividades, sino también de aquellas que realizamos de manera colaborativa.

En el transcurso de las sesiones, a través de realizar actividades grupales e individuales, también se han presentado logros que me llenan de satisfacción y compromiso para mejorar en todos los aspectos. Uno de mis mayores logros es el ir ejercitándome en las actitudes fuertes del pensamiento crítico. Tal y como lo Paul, R. y Elder, L., (2003), para llegar a ser un pensador maestro hay que seguir una serie de pasos, el primero: estar conscientes de los problemas de nuestro pensamiento. Y yo he dado ese primer paso.

Pero el camino aún es largo. Por lo pronto, la próxima estación es la evaluación del nivel dos, donde todavía no puedo afirmar que he superado mi reto inicial en lo concerniente a la comunicación escrita; ahora ese reto crece y para trabajarlo tengo que hacerme de bibliografía especializada y de la buena guía de compañeros y colegas que dominen la normatividad APA.

Por otra parte, si bien he dado un paso importante en mis carencias tecnológicas, no debo bajar la guardia. Una de mis mejores estrategias será ejercitar las recomendaciones que nos hace el Dr. Manuel Gándara, haya o no actividades que así lo requieran, ya que finalmente en este rubro la práctica hace al maestro.

Compartiendo la ruta

No obstante los favorables comentarios en torno al estudio independiente y al trabajo colaborativo, también tengo dos retos que superar en este sentido: participar de manera más constante y enriquecedora en los foros, además de aprender de mis compañeros y aportarles conocimientos y experiencia en la red de apoyo. La herramienta clave para lograr mi cometido será mantener una buena comunicación con ellos a través de correo electrónico, chat, teléfono.

Si bien, cada uno de los estudiantes de esta Mestría somos responsables de nuestro propio proceso de aprendizaje, como apunta De los Santos (1996) sólo cuando aprendemos en relación llegamos realmente a aprender. Por ello, mi red de apoyo es fundamental y la manera de involucrarla en mi proceso es compartiendo mis avances para conocer sus puntos de vista y así enriquecer mi trabajo.

Estamos en la misma ruta, pero cada quien delineará su propia senda, con base en sus conocimientos y experiencia. Al final, como la diversidad de ríos que recorren el mundo, desembocaremos en el mismo mar: aportando propuestas para la mejora educativa de nuestro entorno.

Los prejuicios en la búsqueda de prejuicios



Prejuicios ¡en sus marcas!



Al leer las indicaciones de las actividades 3 y 4 de la sesión 8 pensé que la búsqueda en Internet resultaría por demás sencilla, toda vez que se nos ofrecía una primera delimitación para esa búsqueda: artículos de tres periódicos de publicación nacional, relacionados con un tema de nuestro interés.


No me había percatado hasta ese momento que justo ahí empezaba a desplegar mi lista de prejuicios. Ya lo habíamos planteado en sede: un prejuicio es una actitud de predisposición, en este caso frente a una actividad escolar, que calificaba de antemano como sencilla, sin siquiera haberla realizado de acuerdo a las recomendaciones que nos habían proporcionado. Y esto sólo era el principio…

Prejuicios ¡listos!

La actividad realizada puso sobre la mesa no sólo los prejuicios inmersos en los artículos o reportajes de los periódicos, sino también los prejuicios académicos, culturales y sociales de quien realiza la búsqueda en Internet. Así, la simple selección de los periódicos responde a actitudes de simpatía o rechazo hacia tal o cual columnista, hacia la postura del diario, hacia su diseño y contenido, ya que ello en su conjunto, nos proporciona un cierto sentido de pertenencia a un grupo específico.

Recuerdo que cuando estudiaba la licenciatura, Javier Solórzano, uno de mis profesores, se mofaba del estereotipo de los estudiantes universitarios de aquellos años (finales de los ochenta), llamándolos jóvenes parnaseos (porque se reunían en la cafetería de El Parnaso, con su Jornada, bajo el brazo). Y efectivamente, hasta la fecha no puedo evitar incluir a La Jornada entre mis referentes periodísticos obligados.

Esta situación se enfatiza si en la búsqueda se opta por la clásica fórmula de elegir un periódico de izquierda, uno de derecha y uno neutral, ya que al momento de localizar los prejuicios existentes en los artículos o reportajes, tenemos el terreno despejado para encontrar esos afectos o rechazos, que desde la selección desde nuestra afinidad o reserva realizamos. Así que en aras de la objetividad me dispuse a seleccionar los artículos en los sitios de los diarios más accesibles, en términos de no requerir pago para consultarlo.

Y de nueva cuenta, mis prejuicios se hicieron presentes al seleccionar los artículos, ya que aquellas convicciones construidas a partir de mis estudios y mis experiencias profesionales, me llevaron a descartar y finalmente a elegir aquellos que me resultaban más afines.

Prejuicios ¡fuera!

Esta experiencia de búsqueda, a la luz del despliegue de prejuicios, puso de manifiesto la necesidad de adoptar las actitudes mentales fuertes del pensamiento crítico y estar abiertos a conocer las propuestas antes de emitir un juicio de rechazo.

Estar conscientes de nuestros propios prejuicios es un primer paso, ya que al identificarlos podemos estar en condiciones de esa apertura tan necesaria para conocer nuevas posturas, y a la larga, adquirir nuevos conocimientos.

Así que hablar de búsqueda de prejuicios en los textos no es una tarea objetiva en sí misma, está cargada de una serie de prejuicios que pueden repercutir de manera desfavorable, en detrimento de nuestro proceso educativo